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Pilotos del ejército disocian problemas personales para centrarse en la misión

Una piloto del ejército describe la vocación que la llevó a enrolarse: ayudar a la gente y defender el país. Cada vuelo representa un examen que exige preparación exhaustiva y control psicológico para no dejarse condicionar por los errores. La aviadora explica que los reconocimientos médicos y psicológicos habituales en la unidad revelan que los pilotos tienden a disociar sus problemas personales durante el servicio. Esta capacidad, cultivada desde el primer curso de vuelo, permite mantener la concentración en la maniobra y la misión. Además de la gestión del estrés, la piloto reconoce manías personales que aplica al helicóptero: subirse siempre con el pie izquierdo, utilizar la puerta derecha y evitar volar con chaqueta. Estos rituales forman parte de su rutina para afrontar la presión inherente a la profesión.